

DIARREA CRÓNICA
ANAMNESIS
La anamnesis deberá ser detallada; se recogerán en la historia los siguientes datos clínicos3-5:
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Tabla 1. Causas de diarrea crónica: edad de comienzo habitual |
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Inicio neonatal |
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< 6 meses |
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6 meses – 4 años |
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> 4 años |
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Tabla 2. Orientación diagnóstica según las características de las heces |
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Heces líquidas, ácidas, acompañadas de gases |
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Heces brillantes, pálidas, que flotan (esteatorrea) |
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Heces con moco y/o sangre + tenesmo |
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Heces con restos vegetales en niños con diarrea solo diurna que empeora a lo largo del día |
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Heces muy líquidas que no mejoran con el ayuno |
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EXPLORACIÓN FÍSICA
La exploración física ha de ser completa5, valorando sobre todo los siguientes aspectos:
La aplicación nutricional de la página web de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica7 permite hacer fácilmente una valoración nutricional completa utilizando estos índices.
CRITERIOS DE GRAVEDAD
Si en la anamnesis y en la exploración física se observa alguno de los siguientes datos de gravedad se derivará al paciente a un servicio hospitalario de urgencias6:
TRASTORNOS DE LA INTERACCIÓN CEREBRO-INTESTINO (ANTES DENOMINADOS TRASTORNOS DIGESTIVOS FUNCIONALES)
Los criterios diagnósticos de diarrea funcional propuestos por el grupo de trabajo de la Fundación Roma para el diagnóstico y tratamiento de los trastornos de la interacción cerebro-intestino (criterios Roma V)9 son los siguientes (se deben cumplir todos durante al menos dos meses antes del diagnóstico):
Los criterios diagnósticos Roma V para el diagnóstico de síndrome de intestino irritable son los siguientes (se deben cumplir todos durante al menos dos meses antes del diagnóstico):
El comité Roma V recomienda considerar los 6 años como la edad mínima para el diagnóstico de síndrome de intestino irritable.
Es necesario descartar otras enfermedades cuando esté presente alguno de los síntomas de alarma enumerados en la Tabla 3.
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Tabla 3. Síntomas y signos de alarma |
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DIARREA FUNCIONAL
La prevalencia de diarrea funcional es alta en niños: en torno al 2%9. Con los criterios Roma V se amplía la edad del diagnóstico hasta los 18 años, por lo que es necesario hacer el diagnóstico diferencial con el síndrome de intestino irritable con predominio de diarrea en los mayores de 6 años. El síntoma diferencial es el dolor, que es el síntoma principal en el síndrome de intestino irritable, mientras que en la diarrea funcional no suele haber dolor abdominal significativo9.
Es frecuente, sobre todo en niños pequeños, que las deposiciones tengan restos vegetales sin digerir y que por las mañanas estén más formadas que por la tarde.
El diagnóstico se basa en la anamnesis y en la exploración física. Si se hicieran pruebas complementarias para descartar otras enfermedades, como la enfermedad celíaca o la giardiasis, o porque existieran síntomas de alarma (Tabla 3), en la diarrea funcional dichas pruebas serían normales10.
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Tabla 3. Síntomas y signos de alarma |
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TRATAMIENTO DE LA DIARREA FUNCIONAL
Las recomendaciones terapéuticas se basan en opiniones de expertos y estudios en adultos porque no hay ensayos clínicos en niños.
En niños mayores con síntomas intensos y persistentes se puede ensayar una dieta baja en FODMAP11 (Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyols) u otros tratamientos, como loperamida o secuestradores de ácidos biliares (colestiramina)9. Pero la loperamida se debe usar con precaución, porque puede prolongar el intervalo QT y, a dosis altas, puede tener efectos centrales. Con la colestiramina se pretende restaurar el equilibrio entre la síntesis de ácidos biliares y su reabsorción, pero la evidencia es baja para su uso en Pediatría12. La dieta baja en FODMAP siempre debe ser supervisada por un dietista-nutricionista o por otro profesional con experiencia, por sus riesgos nutricionales; se mantendrá por tiempo limitado y se suspenderá si no hay mejoría.
SÍNDROME DE INTESTINO IRRITABLE
El síndrome de intestino irritable tiene una prevalencia del 3% en Pediatría13. Al igual que en otros trastornos de la interacción cerebro-intestino, el síndrome de intestino irritable no tiene una única causa. Se relaciona con múltiples factores biológicos gastrointestinales, psicológicos, sociales, ambientales y genéticos: alteración de la motilidad digestiva, hipersensibilidad visceral, cambios en la microbiota intestinal, alteraciones emocionales, habilidades pobres para el afrontamiento de problemas, etc.9,12
El síntoma fundamental es el dolor abdominal intermitente, pero puede manifestarse con diarrea crónica.
El diagnóstico es clínico con el cumplimiento de los criterios diagnósticos referidos en el apartado E y la ausencia de síntomas y signos de alarma (Tabla 3). En el síndrome de intestino irritable asociado a diarrea se recomienda hacer test para descartar enfermedad celíaca, dada la alta prevalencia de esta enfermedad. Se debe contemplar también la conveniencia de hacer test de parásitos en heces y calprotectina fecal y evaluar la posibilidad de que existan factores dietéticos desencadenantes, como malabsorción de hidratos de carbono o de ácidos biliares9.
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Tabla 3. Síntomas y signos de alarma |
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TRATAMIENTO DEL SÍNDROME DE INTESTINO IRRITABLE
El tratamiento del síndrome de intestino irritable, de modo similar al del resto de trastornos de la interacción cerebro-intestino ha de ser multidisciplinar e individualizado, según el posible mecanismo fisiopatológico predominante, la presentación clínica y las características psicosociales.
El objetivo terapéutico es conseguir que el paciente haga una vida lo más normal posible. La empatía, con validación de los síntomas, la toma compartida de decisiones y la explicación del cuadro clínico al paciente y su familia son fundamentales. Es conveniente explicar de forma sencilla la interacción cerebro-intestino existente en este trastorno y el modelo psicosocial, que es la base de la patogenia.
El tratamiento puede ser farmacológico y no farmacológico. En el algoritmo de la AEPap de dolor abdominal crónico12 se describen las diferentes opciones terapéuticas. ESPGHAN y NASPGHAN han publicado una guía de tratamiento del síndrome de intestino irritable14, donde se analiza el grado de evidencia, la fuerza de la recomendación y el tamaño del efecto para cada una de las opciones terapéuticas farmacológicas y no farmacológicas.
TEST DIAGNÓSTICOS DE PRIMER NIVEL
La solicitud de pruebas complementarias ha de ser individualizada y basada en los datos de la anamnesis y de la exploración física. La petición de pruebas será escalonada y la jerarquía de las mismas está determinada por la frecuencia de las distintas etiologías y por la accesibilidad de los medios diagnósticos en cada nivel asistencial.
Las pruebas básicas (de primer nivel)15,16, habitualmente disponibles en Atención Primaria, que permitirán diagnosticar las causas más frecuentes y evaluar las repercusiones bioquímicas de la diarrea, son:
PRUEBAS COMPLEMENTARIAS DE SEGUNDO NIVEL
Las pruebas complementarias de segundo nivel2,17 no están accesibles habitualmente para el pediatra de Atención Primaria. Generalmente se solicitan desde la consulta hospitalaria de gastroenterología infantil. Dichas pruebas están indicadas cuando no se ha llegado al diagnóstico después de realizar las pruebas diagnósticas de primer nivel. Los objetivos de las mismas son el diagnóstico del síndrome de malabsorción (Tabla 4) y el diagnóstico etiológico (Tabla 5); las pruebas para diferenciar la diarrea osmótica de la diarrea secretora se muestran en la Tabla 6. No todas las pruebas que se detallan en las tablas anteriormente citadas están disponibles en todos los hospitales. Aunque en las tablas se hace referencia a múltiples recursos diagnósticos, solo se emplearán aquellos que se consideren necesarios para el diagnóstico, según la sospecha clínica basada en la anamnesis, exploración y pruebas de primer nivel.
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Tabla 4. Diagnóstico del síndrome de malabsorción (pruebas complementarias de segundo nivel) |
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Prueba |
Utilidad |
Valores normales |
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Determinación de grasa en heces (Van de Kamer o técnica de infrarrojo cercano) |
Malabsorción grasa |
<3 g/24 horas (niños) <6 g/24 horas (adultos) |
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Niveles de vitaminas liposolubles |
Malabsorción grasa |
Variable según edad y/o valores de referencia de cada laboratorio |
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Quimotripsina fecal |
Insuficiencia pancreática |
>6 U/g de heces en muestras aisladas >375 U en heces de 24 horas |
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Elastasa 1 fecal |
Insuficiencia pancreática (es más sensible y específica que la quimotripsina) |
>200 U/g de heces |
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Nitrógeno fecal |
Mala digestión y malabsorción de proteínas (enfermedad pancreática y enteropatía pierde proteínas) |
0,8-1,2 g/24 horas |
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Alfa-1 antitripsina fecal |
Enteropatía pierde proteínas |
<54 mg/dl o <0,7 mg/g de heces secas |
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pH fecal |
Malabsorción de azúcares (si pH <5) |
6-8 |
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Sustancias reductoras en heces |
Malabsorción de hidratos de carbono (salvo sacarosa) |
<0,75% |
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Tabla 5. Diagnóstico etiológico (pruebas complementarias de segundo nivel) |
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Prueba |
Utilidad |
Valores normales |
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Biopsia intestinal |
Enfermedad celiaca Linfangiectasia intestinal Enfermedad de Whipple Cuantificación de disacaridasas Enteropatías congénitas |
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Test del sudor |
Fibrosis quística |
<60 mmol/l de cloro |
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Endoscopia digestiva |
Enfermedad inflamatoria intestinal Toma de muestras para biopsia intestinal |
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Test de hidrógeno espirado (tras la administración de 1 g/kg del azúcar a estudiar) |
Malabsorción de hidratos de carbono (pico a los 90-120 minutos) Sobrecrecimiento bacteriano (pico a los 30-60 minutos-siempre antes de los 90 minutos) |
Sin aumento del hidrógeno espirado o elevación menor de 20 ppm en relación con los datos basales |
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Zinc sérico |
Acrodermatitis enteropática |
60-120 µg/dl |
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Calprotectina fecal |
Enfermedad inflamatoria intestinal |
Según el valor de referencia de cada laboratorio |
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Iones en heces |
Diarrea clorada congénita Diarrea sódica congénita Para diferenciar diarrea osmótica de diarrea secretora |
Ver Tabla 6 |
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Estudio genético |
Fibrosis quística Diarreas congénitas |
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Tabla 6. Diferencias entre la diarrea secretora y osmótica |
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Diarrea secretora |
Diarrea osmótica |
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Volumen de heces |
>200 ml/24 horas |
<200 ml/24 horas |
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pH fecal |
>6 |
<5 |
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Sustancias reductoras |
Negativas |
Positivas |
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Na+ en heces |
>70 mEq/L |
<70 mEq/L |
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Cl- en heces |
>40 mEq/L |
<40 mEq/L |
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Cociente Na+/K+ (heces) |
>0,2 |
<0,2 |
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Osmolaridad fecal |
= (Na+ + K+) x 2 |
>(Na+ + K+) x 2 |
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Respuesta al ayuno |
Continúa la diarrea |
Cesa la diarrea |
DERIVACIÓN AL HOSPITAL Y COORDINACIÓN
Cuando no se llega al diagnóstico después de la anamnesis, exploración y pruebas complementarias de primer nivel realizadas en Atención Primaria (AP), se derivará al paciente a la consulta de gastroenterología infantil. También se derivará, en los casos de patologías complejas que precisen un tratamiento y seguimiento hospitalario. En estas situaciones es muy importante la coordinación entre el pediatra de AP y el pediatra gastroenterólogo. La accesibilidad del paciente al primer nivel asistencial va a permitir que el pediatra pueda detectar precozmente posibles complicaciones, hacer un seguimiento cercano del estado nutricional, supervisar el cumplimiento de las recomendaciones dietéticas y hacer educación sanitaria. La coordinación entre ambos niveles asistenciales favorecerá la realización de estudios familiares, cuando estén indicados, gracias a la cercanía del pediatra de AP con el núcleo familiar.
¿SEROLOGÍA CELIACA POSITIVA?
Para el estudio serológico de la enfermedad celíaca se dispone de test para detectar varios anticuerpos (AC): antitransglutaminasa (AATG), antiendomisio (AAE) y anti péptido desamidado de gliadina (ADAG).
Los AC utilizados en primer lugar para el diagnóstico y cribado de la enfermedad celíaca en personas sin déficit de inmunoglobulina (Ig) A son los AATG isotipo IgA. Tienen una sensibilidad del 90-93%. Si sus valores son ≥10 veces el límite superior de la normalidad, su valor predictivo positivo es próximo al 100%26. En la mayoría de los casos son los únicos AC que se deben determinar como test diagnóstico de primer nivel en Atención Primaria.
En pacientes con déficit selectivo de IgA el estudio se debe hacer con anticuerpos de isotipo G (AATG, AAE, ADAG), asumiendo que tienen menor rendimiento diagnóstico. No hay evidencia de que ninguno de los tres tipos de AC isotipo IgG tenga mayor especificidad, por lo que se puede optar por cualquiera de los tres, según criterio del centro26.
Los AAE isotipo IgA tienen una especificidad próxima al 100%, pero la técnica para su determinación es subjetiva, semicuantitativa y muy laboriosa; por ello, se reserva para la confirmación de resultados positivos o dudosos de AATG IgA. Se solicita, habitualmente, una vez que el paciente ha sido derivado a la consulta de gastroenterología infantil.
Los ADAG isotipo IgA no tienen utilidad en la práctica clínica y no están indicados en el proceso diagnóstico.
FACTORES DE RIESGO DE SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO
Hay diversas enfermedades que predisponen a un sobrecrecimiento bacteriano intestinal37:
Se pueden solapar síntomas de sobrecrecimiento bacteriano y de trastornos de la interacción cerebro-intestino, sobre todo con el síndrome de intestino irritable asociado a diarrea, ya que la disbiosis intestinal es una causa potencial de síntomas en pacientes con síndrome de intestino irritable38.
SÍNDROME POSTENTERITIS
Aunque no existe un consenso, generalmente se define como una diarrea prolongada tras una gastroenteritis aguda. Es más frecuente en menores de 6 meses y en niños malnutridos e inmunodeprimidos, sobre todo en países con bajo índice de desarrollo humano.
Se consideran posibles mecanismos patogénicos18,19los siguientes:
Puede existir un solapamiento de síntomas que hace necesario el diagnóstico diferencial con un síndrome de intestino irritable, desencadenado por una infección. En un reciente estudio se observó que, en un grupo de niños y adolescentes de 4 a 15 años que han tenido una infección intestinal (bacteriana o parasitaria), el 13,2% tienen síntomas persistentes y cumplen criterios diagnósticos de síndrome de intestino irritable (SII) (de ellos un 37,9% tienen un SII con predominio de diarrea)20. Es necesario remarcar que el síntoma predominante y que no puede faltar en el SII es el dolor abdominal.
PARASITOSIS
El parásito que produce diarrea crónica con más frecuencia en los países desarrollados es Giardia duodenalis. En los pacientes inmunodeprimidos es necesario descartar también una parasitosis por Cryptosporidium spp. (en pacientes inmunocompetentes Cryptosporidium spp. suele producir diarrea aguda autolimitada)23,24.
Para el tratamiento de la parasitosis intestinal por Giardia duodenalis se pueden emplear los siguientes fármacos:
Para el tratamiento de la parasitosis intestinal por Cryptosporidium spp. en personas inmunocompetentes se puede utilizar nitazoxanida o paromomicina a las dosis descritas para Giardia duodenalis. En los pacientes inmunodeprimidos con enfermedad grave se puede optar por nitazoxanida, pero a dosis dobles de las referidas anteriormente durante 2-8 semanas o paromomicina asociada a claritromicina o azitromicina25. Para el éxito terapéutico en los pacientes con inmunodepresión es fundamental el tratamiento de la enfermedad de base, que mejore el estado inmunitario.
ENFERMEDAD CELIACA
La enfermedad celíaca es un trastorno sistémico de origen inmunológico, desencadenado por la ingesta de gluten y otras proteínas relacionadas, que se manifiesta en personas con predisposición genética. Cursa con una combinación variable de manifestaciones clínicas, dependientes de la exposición al gluten, presencia de autoanticuerpos específicos en sangre, genotipos HLA DQ2 y/o DQ8 y una enteropatía característica26,27.
Es una enfermedad muy frecuente: la prevalencia en estudios en población general mundial es del 1,4%28, pero en determinadas regiones puede ser del 2-3%. En familiares de primero y segundo grado de pacientes con enfermedad celíaca y en personas con determinadas enfermedades (Tabla 7) la prevalencia es significativamente mayor29.
Puede haber síntomas intestinales y extraintestinales y, también, cursar de forma asintomática. En la forma clásica de la enfermedad los síntomas principales son la diarrea crónica y la malabsorción intestinal.
En la guía de algoritmos de la AEPap se puede consultar el algoritmo de enfermedad celíaca, que se compone de tres brazos: cribado, diagnóstico y seguimiento30.
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Tabla 7. Prevalencia de enfermedad celíaca en determinadas poblaciones |
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Porcentaje afectado (%) |
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Población general mundial |
1,4 |
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Familiares de primer grado |
5-7,5 |
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Familiares de segundo grado |
2-3 |
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Síndrome de Down |
5-12 |
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Diabetes tipo 1 |
5-10 |
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Enfermedad hepática autoinmune |
3,6 |
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Artritis idiopática juvenil |
2-3 |
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Deficiencia de IgA |
8 |
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Enfermedad tiroidea autoinmune |
2-7 |
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Síndrome de Turner |
4-8 |
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Síndrome de Williams |
8 |
Fuente: modificado de Stahl M, Liu E. Celiac disease in children and adolescents: epidemiology, pathogenesis,and clinical manifestations. In: UpToDate29.
ENTEROPATÍA INDUCIDA POR PROTEÍNAS DE LA LECHE DE VACA (PLV)
La enteropatía inducida por PLV es una forma clínica de alergia a PLV no mediada por IgE. Es la más frecuente de las enteropatías sensibles a alimentos. Otros alimentos que pueden producir enteropatía inmune no mediada por IgE son la soja, los huevos, los frutos secos, el pescado o el gluten de trigo.
Características clínicas21:
Hay que hacer el diagnóstico diferencial con la enterocolitis crónica inducida por PLV (FPIES crónico), que también puede cursar con diarrea, pero en el FPIES el síntoma predominante y que no puede faltar son los vómitos y, además, hay una mayor afectación del paciente
DÉFICIT RACIAL DE LACTASA
La intolerancia a la lactosa es la más frecuente de las intolerancias a hidratos de carbono (Tabla 8). Se manifiesta por una diarrea acuosa, explosiva y ácida, que irrita con frecuencia la zona perianal, acompañada habitualmente de meteorismo, ruidos hidroaéreos y distensión abdominal. Es una diarrea de tipo osmótico. Se debe a un déficit de lactasa. Hay varios tipos de déficit de lactasa. El más frecuente es el déficit racial de lactasa o hipolactasia tipo adulto, que se manifiesta, generalmente, por encima de los 3 años. El segundo en frecuencia es el déficit de lactasa secundario, generalmente transitorio, debido a una lesión intestinal producida por enfermedades infecciosas o inflamatorias. El déficit congénito de lactasa es extremadamente infrecuente. En los prematuros de menos de 34 semanas de edad gestacional puede haber un déficit de lactasa del desarrollo, que es transitorio35.
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Tabla 8. Intolerancia a hidratos de carbono. Clasificación |
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Tipo |
Frecuencia |
Edad de inicio |
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Déficit congénito de lactasa |
Muy baja |
Neonato |
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Déficit de lactasa del desarrollo* |
Alta en prematuros |
Prematuros de menos de 34 semanas de edad gestacional |
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Malabsorción de glucosa-galactosa |
Baja |
Neonato |
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Déficit de sacarasa-isomaltasa |
Baja |
5-6 meses (después de la introducción de cereales o fruta) |
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Déficit congénito de trehalasa |
Baja |
Cualquiera (después de tomar setas) |
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Déficit racial de lactasa |
Muy alta |
>3 años |
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Malabsorción de fructosa |
Alta |
Más frecuente en menores de 10 años |
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Déficit secundario de disacaridasas*# |
Alta |
Cualquiera (más frecuente en lactantes) |
*Son déficits transitorios. #Como consecuencia de una lesión intestinal (gastroenteritis, enfermedad celíaca, enfermedad inflamatoria intestinal...); La disacaridasa más frecuentemente deficitaria en el déficit secundario es la lactasa.
SÍNDROME DE SOBRECRECIMIENTO BACTERIANO (SSB)
El SSB es un cuadro clínico caracterizado por una concentración excesiva de bacterias en el intestino delgado, con un predominio de bacterias que se encuentran habitualmente en el colon y no en el intestino delgado: anaerobios y coliformes. Este sobrecrecimiento produce la fermentación bacteriana de nutrientes y se manifiesta con una amplia variedad de síntomas y signos (diarrea, esteatorrea, distensión abdominal, meteorismo, dolor o molestia abdominal, astenia) y complicaciones (malabsorción intestinal, malnutrición, pérdida de peso, retraso de crecimiento, déficit de vitaminas liposolubles y de vitamina B12, acidosis láctica). El ácido fólico está normal o elevado, debido a la producción del mismo por parte de las bacterias37,38.
TRATAMIENTO DEL SÍNDROME POSTENTERITIS
El tratamiento varía según el mecanismo patogénico que se sospeche que está implicado. Dado que la intolerancia secundaria a la lactosa es muy frecuente, se puede hacer una prueba terapéutica con una retirada temporal de la lactosa de la alimentación, con evaluación clínica posterior, observando si existe mejoría, y reintroducción de la misma varias semanas después. Si se sospechara una alergia a las proteínas de la leche de vaca (PLV) no mediada por IgE se seguirá el protocolo diagnóstico y terapéutico correspondiente, con retirada de las PLV, comprobando la mejoría clínica, y realizando una provocación varias semanas después, siguiendo con la exclusión, si la provocación es positiva21,22. En el caso de persistencia de infección se hará tratamiento etiológico y, si hay alteración de la microflora, se puede intentar un tratamiento con probióticos o prebióticos, aunque no hay gran evidencia de estos tratamientos en esta patología. Cuando hay malnutrición asociada, la diarrea mejora al mejorar el estado nutricional. La dismotilidad y la alteración de la permeabilidad suelen ser alteraciones transitorias, aunque a veces están presentes en aquellos pacientes con evolución hacia un síndrome de intestino irritable, en cuyo caso, el tratamiento sería el de este síndrome.
DIAGNÓSTICO ENFERMEDAD CELIACA
En todo niño con diarrea crónica es necesario descartar una enfermedad celíaca. Por eso la serología con anticuerpos antitransglutaminasa (AATG) IgA se encuentra entre los test diagnósticos de primer nivel. Un paciente con clínica compatible y una serología positiva se ha de remitir a una consulta de gastroenterología infantil para valoración y completar el estudio diagnóstico31.
En la enfermedad celíaca se produce una atrofia de vellosidades intestinales, una elongación de las criptas y un infiltrado inflamatorio intraepitelial. Aunque la biopsia intestinal, cuando está indicada, es una parte fundamental del proceso diagnóstico, en la consulta de gastroenterología infantil se puede tomar la decisión, consensuada con los padres y el paciente, si tiene madurez suficiente, de omitir su realización, si se cumplen los siguientes requisitos referidos en la guía de la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (ESPGHAN)27,31: pacientes con cifras de AATG IgA de más de 10 veces por encima del límite alto de la normalidad, junto a la positividad de los anticuerpos antiendomisio IgA en una muestra de sangre diferente a la que se empleó para determinar los AATG IgA. Se excluyen de esta opción de hacer el diagnóstico sin biopsia a los pacientes con déficit de IgA, en los que los test serológicos positivos son IgG, o con diabetes mellitus tipo 1.
Desde 2020 no es necesario tener estudio HLA para hacer el diagnóstico sin biopsia intestinal. El estudio genético solo está indicado en casos dudosos y para cribado de población de riesgo.
DIAGNÓSTICO DE LA ENTEROPATÍA INDUCIDA POR PLV
Al igual que en el resto de las formas clínicas de alergia a las PLV no mediada por IgE, el diagnóstico se basa en la exclusión de las PLV de la alimentación del lactante, seguida de una prueba de provocación oral21,22.
Exclusión diagnóstica:
En casos graves o con malabsorción importante puede utilizarse una fórmula elemental durante la exclusión diagnóstica. Respecto a las fórmulas de arroz hidrolizado, aunque se pueden utilizar en el tratamiento (exclusión terapéutica), no se recomiendan en el proceso diagnóstico por la baja evidencia de su uso para este fin21.
Prueba de provocación oral:
A las 2-4 semanas de la exclusión diagnóstica y una vez que han desaparecido los síntomas se ha de hacer una provocación oral, volviendo a dar PLV al lactante, según un protocolo claramente establecido21. En ocasiones, la provocación no se puede hacer hasta las 6 semanas porque en la enteropatía la mejoría es más lenta que en otras alergias no mediadas por IgE. Si tras la exclusión no desaparecen los síntomas, estos no serían debidos a alergia a PLV y habría que investigar otras causas. También se descarta esta enfermedad si el paciente permanece asintomático tras la provocación.
Solo en los casos más leves de enteropatía la provocación puede hacerse en Atención Primaria. En la enteropatía moderada o grave y en el FPIES crónico la provocación debe hacerse en el hospital.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DE LA INTOLERANCIA A LA LACTOSA
Para el diagnóstico de la intolerancia a la lactosa basta, habitualmente, con una prueba de supresión – provocación, que consiste en una supresión de la lactosa de la alimentación durante 2-4 semanas, que llevaría a una desaparición de los síntomas, y reintroducirla posteriormente, con lo que aparecerían de nuevo los síntomas.
En ocasiones es conveniente confirmar el diagnóstico con una prueba de hidrógeno espirado: se administra 1 g/kg de lactosa (máximo 50 g) en solución; se mide el hidrógeno espirado basal y cada 30 minutos después de la ingesta durante 3 horas. Se considera un test positivo cuando hay una elevación del hidrógeno espirado de 20 o más ppm respecto al valor basal a los 90-120 minutos de la ingesta (si la elevación es más precoz, puede indicar sobrecrecimiento bacteriano). Los requisitos para realizar correctamente la técnica se pueden consultar en el posicionamiento de ESPGHAN sobre test respiratorios36.
La biopsia intestinal para cuantificación de la lactasa se realiza para el diagnóstico del déficit congénito.
El tratamiento de la hipolactasia tipo adulto consiste en la reducción de la ingesta de lactosa de forma individualizada, ya que, con frecuencia, el déficit de lactasa es parcial y pueden tolerar pequeñas cantidades. El yogur y el queso se toleran mejor que la leche. Los mejores sustitutos son los alimentos lácteos sin lactosa. Una alternativa es el reemplazo de la enzima con la ingesta de tabletas o gotas de lactasa antes de ingerir algún alimento con lactosa.
En la intolerancia a la lactosa secundaria, al ser un trastorno transitorio, pueden volver a tomar alimentos con lactosa, después de que se recupere la mucosa intestinal34.
DIAGNÓSTICO Y TRATAMIENTO DEL SSB
Diagnóstico:
Las pruebas diagnósticas para el diagnóstico de sobrecrecimiento bacteriano37 son las siguientes:
Tratamiento:
Hay escasas evidencias sobre el mejor tratamiento en niños. Debe dirigirse hacia el tratamiento del factor o enfermedad predisponente, restaurar una flora intestinal saludable y disminuir o eliminar los síntomas. La piedra angular del tratamiento es la antibioterapia: por consenso de expertos se han propuesto diversas pautas de 10-14 días con alguno de los siguientes antibióticos: rifaximina, metronidazol, cotrimoxazol, amoxicilina – ácido clavulánico, ciprofloxacino y, en ≥8 años, también doxiciclina37.
Parece lógico pensar que, si hay un sobrecrecimiento y desequilibrio bacteriano, los probióticos o prebióticos podrían tener un papel relevante en el tratamiento; sin embargo, hasta ahora no se puede hacer una recomendación ni en contra ni a favor del uso de probióticos en niños para esta indicación, debido a insuficiente evidencia37.
En adultos se han empleado dietas bajas en FODMAP (Fermentable Oligosaccharides, Monosaccharides And Polyols) en algún estudio, con cierta mejoría de los síntomas; aunque es difícil saber si en esos casos podría haber un solapamiento entre un SSB y un síndrome de intestino irritable. En niños no hay datos de eficacia de tratamientos dietéticos en el SSB37.
TRATAMIENTO Y SEGUIMIENTO DE LA ENFERMEDAD CELIACA
El tratamiento de la enfermedad celíaca consiste en tomar una dieta sin gluten estricta y de por vida. Para facilitar la adherencia terapéutica es importante una adecuada información y continua educación de los pacientes y sus familias.
La ESPGHAN ha publicado en 2023 un documento de posicionamiento con recomendaciones para facilitar el seguimiento de la dieta sin gluten en el paciente pediátrico con enfermedad celíaca32. En 2024, diversas sociedades científicas españolas publicaron un documento de consenso sobre el seguimiento del paciente celíaco pediátrico33 con una adaptación a la realidad sociosanitaria de nuestro país de las recomendaciones ESPGHAN sobre seguimiento34.
El seguimiento inmediato tras el diagnóstico debe realizarse en Atención Hospitalaria (AH) por un pediatra gastroenterólogo y, si es posible, también por un dietista nutricionista. Una vez que la enfermedad esté bien controlada el seguimiento se podrá realizar en Atención Primaria (AP): pediatra y personal de enfermería con conocimiento de la enfermedad. El buen control está definido por una buena adherencia a la dieta sin gluten, remisión clínica, negativización serológica en al menos dos controles anuales y crecimiento y desarrollo normales, sin déficits nutricionales. En determinadas situaciones (pacientes con déficit de IgA, diabetes mellitus u otras comorbilidades (tiroiditis, hepatitis autoinmune) el seguimiento debe continuar en AH, aunque el paciente esté estable.
La coordinación entre AP y AH es fundamental a lo largo de todo el seguimiento.
TRATAMIENTO Y SEGUIMIENTO DE LA ENTEROPATÍA INDUCIDA POR PLV
Dieta de exclusión terapéutica:
Una vez confirmado el diagnóstico, el tratamiento consiste en la exclusión terapéutica de las PLV de la alimentación del niño y, en algunos casos, de la alimentación de la madre que lacta. Para la exclusión terapéutica se pueden utilizar, indistintamente, una fórmula láctea extensamente hidrolizada o una fórmula de arroz hidrolizado. En los casos más graves puede ser necesaria una fórmula elemental21. No se recomiendan las fórmulas de soja en el tratamiento de la enteropatía inducida por PLV. Si se han retirado las PLV de la alimentación de la madre que da lactancia materna, es muy importante que ella reciba suplementos de calcio y vitamina D.
La mayor parte de los niños adquieren la tolerancia después de varios meses.
Prueba de tolerancia oral:
Se hará después de que el paciente haya seguido una dieta de exclusión terapéutica durante al menos 6 meses o a los 12 meses de edad. En el caso de antecedentes de atopia y en formas graves se realizará previamente la determinación de IgE específicas a PLV o prick test.
En casos graves o si hay sensibilización a PLV, la prueba de tolerancia se hará en el medio hospitalario. En caso de enteropatía leve se puede hacer en el domicilio de forma escalonada (siguiendo la denominada escalera de la leche)21,22.